La llegada del otoño cambia el escenario de Lacuniacha, los árboles y arbustos de hoja caduca van tornando lentamente de color las hojas, que apenas hace un mes eran de diferentes tonalidades de verde, y se van transformado progresivamente en amarillo, castaño, rojo, y como todas no lo hacen al mismo tiempo, y la flora de hoja perenne mantiene sus tonos verdes, nos ofrecen un espléndido abanico de tonalidades, que contrastan con el azul intenso del cielo.
La caída de las hojas por otra parte alfombra el suelo de los senderos, formando un tapiz de colores y un mullido piso, que produce una sensación relajante y romántica durante el paseo por el parque.
Las especies de fauna también van mostrando las conductas propias de la estación, progresivamente los ciervos, gamos, corzos, entraran en la época de celo, y los machos iniciarán la berrea, ladra, ronca, según la especie, llamando poderosamente los machos la atención de las hembras y compitiendo entre si para conseguir ser los líderes de la manada, y los dueños del harén. Estas demostraciones de poder resultan muy llamativas para los visitantes, que ocasionalmente podrán observar a dos gamos machos enfrentados con las cuernas empujando tenazmente al contrario, hasta que uno de los dos desiste.
Es conveniente recordar que la visita al parque nunca resulta igual, es muy conveniente ir realizar el recorrido con todos los sentidos alerta, en muchas ocasiones antes de poder ver a un animal, si caminamos atentos y en silencio, escucharemos sus movimientos, sus cantos, y nos permitirá descubrirlos dirigiendo nuestra atención hacia el origen del sonido. En caso contrario los que escucharán nuestro ruidoso caminar o nuestras voces serán los animales y antes de que lleguemos a descubrirlos, ellos detectarán nuestra presencia y se alejarán rápidamente de nosotros.
Ayer mientras realizaba lentamente y en silencio el recorrido, tratando de resumir en que consiste la diferencia del otoño de otras estaciones, me detuve un instante escuchando los débiles sonidos que procedían del bosque muy cerca de mi, me detuve a escuchar con más atención, tratando de no delatar mi presencia, y descubrí a una ardilla afanada en disfrutar de la comida que extraía de una piña; estaba disfrutando de observar su actividad, cuando ella me descubrió a mi, y se quedo perpleja analizando por unos segundos la situación antes de tomar la decisión de alejarse rápidamente, estos son momentos irrepetibles que a pesar de su brevedad nos dejan una agradable sensación.
Otros atractivos no son tan fugaces, pero si no vamos con actitud observadora y con disposición a descubrir pueden pasar igualmente inadvertidos, pequeñas flores, hongos, rojas bayas en arbustos de acebo, mariposas, son atractivos, infinitamente numerosos y diferentes.
Realizar la visita resulta una experiencia agradable, relajante, de un ejercicio moderado beneficioso para nuestra salud física y mental. Hay visitantes que repiten la experiencia encantados, otros aficionados a la naturaleza y a la fotografía, realizan visitas prolongadas para tratar de captar aquellos detalles que pueden pasan desapercibidos en una visita breve.
Ni que decir tiene que para nuestros pequeños visitantes la visita produce un estado de excitación y asombro constantes, ver a los pequeños gamos “bambis para ellos” a corta distancia les emociona, ayer un niño pequeño de cinco o seis años, acompañado de sus padres y hermanos, señalaba con el dedo a un grupo de cabras montesas, que curiosamente lo estaban observando mientras avanzaba hacia ellas, el niño emocionado seguía acercándose a ellas, preguntando a sus padres entre emocionado y temeroso si las podía coger, avanzó algo más hacia ellas y se alejaron velozmente, lo que dejó al niño entre aliviado y sorprendido. Los padres encantados exclamaron “está disfrutando como nunca”. Otros animales como los lobos son para ellos animales de fábula.